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2010-2019 1810-1819

 
Por
Rodrigo Puyo Vasco

Determinar la fecha bicentenaria de la independencia, tema del Gobierno, de los políticos, de los historiadores y en general de los ciudadanos, parecería más bien ser del misterio o del reino de lo críptico.

La definición de este tema debe estar referido a los criterios para fijar cuándo debe celebrarse la fecha del nacimiento de Colombia. Algunos, tal vez, mayoritariamente pensamos que es al momento del inicio del movimiento emancipador o sea el 20 de julio de 2010, siguiendo una tradición nacional, tal como sucedió en el primer centenario, es decir en 1910. Para otros, tal vez incluido el Gobierno, las efemérides deben conmemorarse el 7 de agosto del año 2019, bicentenario de la Batalla de Boyacá, última confrontación bélica de la gesta libertadora.

Una mirada a la mayoría de los países iberoamericanos revela el que ellos celebrarán en el año 2010, el bicentenario de la emancipación, México, Venezuela, Chile, Argentina. Se anticiparán al 2009 Bolivia y Ecuador. Para ello han establecido programas, juntas, concursos, premios, por ejemplo en México la comisión de los festejos la preside como símbolo de unión nacional el histórico líder de la oposición Cuathemoc Cárdenas y en todos ellos se desarrollan tareas desde hace varios años. Sin duda, este es un gran pretexto para el desarrollo de obras públicas, de programas educativos, para estimular la investigación en las ciencias sociales y muy especialmente como gran motivo de reafirmación de la identidad y del reconocimiento del ser nacional e incluso como lazo de convivencia en una sociedad tan sitiada como la nuestra por la violencia y la desunión. Sin embargo hasta ahora pasará como otra fiesta patria más sin la trascendencia bicentenaria, olvidando que no es sólo el día del florero de Llorente, de Don Antonio Villavicencio y del tribuno del pueblo sino en palabras muy hispanas el día del inicio de la andadura independiente.

No existe explicación histórica ni racional de este olvido gubernamental, al cual parecería secundar la academia, los partidos y la misma sociedad. No es claro el porqué, hasta el presente no se hayan conformado juntas o comités que preparen esta celebración. Esta actitud conlleva el dejar transcurrir una extraordinaria oportunidad para revisar nuestra geografía, nuestra historia, el pasado, el presente y el futuro nacional, insuflando de nacionalismo y obviamente de sentido de pertenencia, factores todos ellos que servirían de aporte singular al crecimiento de un espíritu nacional.

Claro que para el año 2019, o mejor, con esa fecha de referente se han comenzado a producir importantes papeles de trabajo, proyectos de infraestructura, visiones de futuro, lo cual no merece crítica alguna, lo que sí no es explicable es el que pase desapercibido el año 2010, que se menosprecie la dinámica que esta celebración podría generar, incluso integrada con el año 2019, en una especie de década de celebración del bicentenario.

Desde el punto de vista académico e histórico debe conmemorarse el 7 de agosto de 1819, pero sería error o una mentira histórica el desconocer que la vida republicana se inició el 20 de julio de 1810 y que el 7 de agosto de 1819 sólo fue el final del proceso libertador. Esto no debe ser tomado como una expresión veintejuliera, forma despectiva utilizada por aquellos que poco o nada vibran con los conceptos de patria y de colombianidad.

Es obvio que el 20 de julio de 2010 coincidirá con un cambio de gobierno y obviamente de integrantes del Congreso; por lo cual podría pensarse que no tendría un doliente o responsable, pero tal argumento no sería acorde con la conducta del actual Presidente y de su concepción del país. Para salvar las dificultades burocráticas propias de una interinidad sería conveniente crear una gran comisión integrada por miembros de todas las opiniones ciudadanas y que bajo el auspicio del gobierno fuese responsable, como ya lo es en otros países, de la cumplida celebración de esta insustituible conmemoración.

Este debate debe darse sin tregua y con premura, pues la decisión de no realizar una celebración en grande de esta festividad, aparte de misteriosa y de críptica, sería otro más de los desperdicios nacionales.



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