Histórico EL COLOMBIANO


EL COLOMBIANO.COM | Inicio edición impresa | Ampliar texto Texto normal Reducir texto Escríbanos Imprima esta página Califique esta nota Envíe a un Amigo Ir al inicio

España y América Latina

 
Por
Rodrigo Botero Montoya

La relación de España y América Latina en la época reciente se fundamenta en dos transformaciones que conviene hacer explícitas: la modernización de España y el marchitamiento de las dictaduras militares en América Latina. Esos cambios, así como la consolidación de la democracia en Portugal, hicieron posible tratar de conformar una asociación iberoamericana al estilo del Commonwealth de naciones angloparlantes. Esa iniciativa ha dado lugar a las reuniones iberoamericanas de jefes de Estado y de Gobierno de los últimos diecisiete años.

La transformación de España consistió en haber logrado la modernidad política, económica y social. El ingreso de España a la Unión Europea y a la Alianza Atlántica protocolizó su reconocimiento como nación democrática, desarrollada, e identificada con los valores de la civilización occidental.

El logro de la modernidad, después de treinta y nueve años de dictadura franquista, implicó el compromiso de todos los partidos políticos con la democracia, la separación de Iglesia y Estado, la aceptación de la economía de mercado y el sometimiento de las fuerzas armadas a la autoridad civil. Asimismo, se logró un consenso acerca del rechazo absoluto a la violencia como forma de actuar en política.

Para superar el trauma de la Guerra Civil, y de la dictadura a la cual dio lugar, los protagonistas de ese conflicto tuvieron que hacer concesiones y rectificaciones. La derecha se reconcilió con la democracia liberal y el estado laico. La izquierda se reconcilió con la empresa privada, el libre comercio y la economía capitalista. La jerarquía eclesiástica ha tenido que aceptar, no siempre de buena gana, la pérdida del poder político que ejerció bajo el franquismo, y todas las implicaciones de cambio social que conlleva la igualdad de derechos de la mujer.

Esa transformación le ha permitido a los gobernantes españoles desempeñar un papel constructivo en América Latina como interlocutores de todos aquellos actores sociales que comparten los valores occidentales, sin distingos políticos. Si bien la responsabilidad directa por la acción diplomática española en América Latina corresponde al presidente de Gobierno y al ministro de Asuntos Exteriores, la presencia de la Corona les ha dado a esas relaciones continuidad, prestigio y significado especial.

El ordenamiento constitucional español le asigna al Rey un poder simbólico. Para ser eficaces, los actos del Rey deben ser refrendados por el presidente de Gobierno o el ministro competente en la materia. El Rey sólo puede presidir los Consejos de Ministros a petición del presidente de Gobierno. Juan Carlos se ganó la legitimidad democrática de ejercicio, y la gratitud de la nación en febrero de 1981, cuando frustró un intento de golpe militar. La imagen externa que proyecta en su calidad de rey constitucional es la de la nación desarrollada, abierta al mundo, tolerante y pluralista, con la cual pueden identificarse los reformadores democráticos latinoamericanos.

Para conmemorar de manera conjunta el bicentenario de la independencia en el año 2010, el distinguido historiador español José Álvarez-Junco ha impulsado la idea de celebrar el concepto de la libertad. Esa era la aspiración compartida por mentes lúcidas de América y España a principios del siglo XIX. Las Cortes de Cádiz, que introdujeron el término liberal al vocabulario político moderno, fueron producto del pensamiento ilustrado en la península ibérica. El ex presidente Felipe González ha aceptado actuar como representante de España ante América Latina para ese evento.

Dentro de ese contexto novedoso de festejar la libertad, el bicentenario podría servir para consolidar una nueva relación entre España y la mayoría de los países latinoamericanos. Es probable que algún gobernante de la región decida aprovechar el bicentenario para exacerbar el fervor nacionalista, reviviendo la vieja querella anti-imperial. Otra actitud anti-española consistiría en tratar de promover utopías arcaicas con formas de organización pre-colombinas, para borrar todo vestigio de influencia europea. Una celebración conjunta tampoco será atractiva para aquellos gobernantes que hubieran impuesto un régimen dictatorial. Pero los países latinoamericanos que hayan optado por la modernidad, preferirán celebrar la libertad sin complejos en el año 2010, estrechando sus vínculos políticos y económicos con la España próspera, democrática y pluralista de la época contemporánea.



Subir
EL COLOMBIANO.COM | Inicio edición impresa |


Inicio EL COLOMBIANO Inicio Opinión