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Viajó, volvió y subió

  Hay quienes quieren ver el vaso medio vacío, pero está claro que el Presidente goza de un respaldo muy amplio y que el viaje a Washington allanó el sendero con los demócratas.

La semana número 18 de este 2007 sí que fue trepidante para el Gobierno de Álvaro Uribe. Primero, un reforzado equipo diplomático viajó durante dos días a los Estados Unidos; segundo, enfrentó con liderazgo situaciones políticas adversas en un Washington enrarecido, y tercero, a su regreso encontró un respaldo muy alto de los colombianos a su gestión presidencial.

Al término de esta novena visita de Uribe a Washington podemos decir que se abonó lo que se estaba marchitando. El viaje en sí mismo fue una gran jugada estratégica que consiguió dos objetivos: cuñar las buenas relaciones con los republicanos al lograr compromisos con la bancada de ese partido, y demostrarles a los demócratas que tiene la capacidad de dar las explicaciones pertinentes sobre las acusaciones en contra de su familia, de su administración y sus funcionarios.

En palabras del mismo Presidente, "fue una reunión franca", con un partido que se las está jugando todas para regresar a la Casa Blanca en un momento coyuntural para la política del gran país del norte. Sacar adelante esta visita consciente de los riesgos y con la cara en alto, es digno de elogios. Y una vez más, Uribe da muestras de su gran olfato político al emprender oportunamente este crucial viaje.

El Presidente fue prudente al dejar que sean los hechos los que hablen de su gestión y de tener el valor de mostrarlo en parlamentos hostiles. No dejó enfriar el tema colombiano en la agenda legislativa estadounidense y les puso sobre el debate los puntos cruciales para Colombia, como lo son la firma del TLC, la ayuda económica a la segunda fase del Plan Colombia y la prórroga de las preferencias arancelarias.

Uribe mezcló inteligentemente humildad con dignidad; dio la cara y habló para ser escuchado, con la entereza de que con el tiempo se verán los frutos. La serenidad -que le es tan esquiva en diversas situaciones nacionales- brilló por su presencia. Fue cordial aún con las hostiles protestas y frente a los insultos.

La visita llamó la atención sobre algunos temas que han pasado inadvertidos ante la opinión pública nacional, pero que han estado siempre en la agenda del Gobierno colombiano. Hablamos de la protección laboral y sindical, del avance en los derechos humanos, del respeto a las leyes, del estado de derecho, y del convencimiento de que sea la justicia la encargada de decidir sobre las relaciones entre políticos, funcionarios y paramilitares.

Ojalá los demócratas tengan el juicio político -antes de precipitar posiciones sin atender las reuniones y lanzar comunicados- de mirar los avances en cada uno de los aspectos que denunciaron y por los cuales dicen no se avanza con el TLC. Sería una miopía política de un partido tan importante no valorar un aliado en la región como Colombia.

Al regresar, el Presidente encontró un país volcado a su favor. Según el Gallup Poll que se realiza desde febrero de 1994, un 75 por ciento de los colombianos tiene una opinión favorable de Uribe, mientras que el 77 por ciento cree que está gobernando bien como presidente.

Inclusive en los temas más negativos en los que siempre lo han rajado, como es la pobreza, el manejo del costo de vida y el desempleo, la administración Uribe repuntó en favorabilidad. Al punto de contradecir las mismas cifras entregadas por el Dane.

En Colombia hay un optimismo generalizado que se traduce en respaldo al Gobierno y confianza en la mayoría de sus políticas. Es refrescante ver cómo el tema de la seguridad es un logro que ya está pasando a un tercer nivel. Sólo se necesita que se redondee la faena y que los años de temor y miedo no regresen camuflados en falsos profetas en carruajes de calumnias.

Con todos estos matices, no queda otro camino que seguir trabajando muy duro en el sendero que nos está haciendo crecer y mirar con esperanza el futuro.



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