|
Fides (Fundación para la Investigación
y Desarrollo de la Educación Especial) | Bogotá
Desde 1978, los menores especiales tienen una cita con el deporte y la
vida, gracias al trabajo de Fides.
 |
| Alejandro Escallón, presidente. |
Por
Beatriz Arango
Sepúlveda
Bogotá
Los primeros resultados de las competencias de las Olimpiadas Especiales
Fides se medían con metros de costura. Desde 1978, la entidad que
nació por el empeño de varias familias que tenían
algún miembro con discapacidad mental, celebra una fiesta deportiva
para niños y jóvenes especiales del país.
“Lo hicimos para luchar contra el abandono”, es la sentencia
de la señora Lucrecia Lloreda de Escallón.
El urólogo Alejandro Escallón, hijo de Lucrecia y hermano
de María Elisa, recuerda que de pequeño le extrañaba
ver que su hermana menor no corría como sus primos, ni hablaba
tan rápido como los demás.
María Elisa es la “jefa”, la que sugiere los cantantes
que deben invitar a las Olimpiadas y la que al final del certamen pregunta
con afán ¿cuándo es la próxima?
Si bien las Olimpiadas Especiales se celebran cada dos años en
una ciudad diferente, el trabajo de la Fundación no se detiene.
Capacitan voluntarios, prestan asesoría, realizan actividades recreativas
y con el apoyo de los estudiantes del Gimnasio Moderno de Bogotá,
celebran todos los sábados jornadas lúdicas y deportivas,
que hacen las veces de alfabetización.
¿Y qué es lo mejor de todo? La lista de Lucrecia y Alejandro
es larga: aprender a dejar el complejo social y alejar el pensamiento
de que una persona con retardo mental es una carga para la familia. Romper
la caparazón del egoísmo y ser capaz de dar. Aprender a
ver que todos tenemos cosas buenas y que si vemos sólo lo malo
nos vamos a amargar.
Las razones corren por las frases de Lucrecia y Alejandro, que dirigen
Fides como directora nacional y presidente, respectivamente, y que coinciden
al asegurar que María Elisa les da lecciones a diario.
“Yo no les enseñó a los deportistas. Ellos me enseñan
a mí. Estos años en Fides me convencieron de que las personas
más beneficiadas con el retardo mental somos quienes trabajamos
con él”, dice Alejandro.
No es un trabajo fácil, lo reconocen madre e hijo, pero las dificultades
(casi todas económicas) se compensan con los gestos de gratitud
y las sonrisas emocionadas de los campeones.
Eso sí, asegura el doctor Escallón, hay que ser muy pedigüeño.
Él, que además atiende en un consultorio de su especialidad
médica, siempre creyó que su futuro estaba en la dirección
de un servicio médico o dirigiendo proyectos de investigación.
A estas alturas, no se cambia por nadie y tiene claro que para hacer parte
de Fides, sólo se necesita felicidad, ser capaz de recibir y ser
capaz de entregar afecto. En 25 años de juegos, 45.000 deportistas
han hecho parte de las Olimpiadas Especiales de Colombia, el único
campo de fútbol donde los 22 jugadores celebran los goles de un
equipo.
“Mi espíritu se nutre de los gestos de los niños”,
insiste Escallón. Como aquel menor que llegó una hora y
media tarde a la cita de los sábados. Al recordarle que debía
ser puntual, Alejandro recibió una respuesta conmovedora: “no
tenía pasaje y me vine caminando desde Fontibón, pero ya
llegué”. Con un poco de pena, el urólogo que conoció
el sentido de la vida al ayudar al otro, comprendió la dimensión
de su trabajo y el valor de Fides.
|