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EL COLOMBIANO
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Cuando perder sí es ganar un poco

Luis David Obando López
Medellín

En el fútbol colombiano, a largo plazo, nadie pierde. Cuando hay una derrota, se gana en experiencia, señaló alguna vez Francisco Maturana. Si se aprovecha, habría que agregar. Lo único cierto es que con la coyuntura actual de la Selección de Colombia ganaron todos los protagonistas menos los dirigentes, que siguen sin escarmentar y, por tanto, sin ganar (todavía).

El gran ganador: el descabezado director técnico, Luis Augusto García. Eso de que le quedó 'Chiqui' la Selección ahora se recuerda en titulares de prensa, pero se venía diciendo desde el lúgubre 0-0 ante Brasil en casa, cuando el estratega, dichoso, aseguraba que no muchos le arañarían empates al tetracampeón mundial. Apenas semanas después, Ecuador ponía a temblar a los brasileños con un balón que se estrelló en el travesaño y que, de haber entrado, habría sido la igualdad, y luego Uruguay hacía lo propio con un triunfo parcial resuelto a última hora como empate por la vía del penalti. Todo en Brasil.

Hoy por hoy esa historia no cuenta, como tampoco las sindicaciones por utilizar el combinado patrio para promocionar jugadores cercanos (incluido su hijo Luis Alberto) o los señalamientos de pérdida de identidad, de miedo a los rivales, de 'resultadismo' . Lo que importa hacia el futuro cercano es que de ninguna manera el Chiqui perderá: si Colombia clasifica al Mundial, será porque él, como ya lo dijo, "la dejó clasificada" (lo que tampoco es cierto), y de todas maneras trabajó la mayor parte del proceso. Si se pierde el cupo, será porque le empujaron hacia afuera "cuando todavía se podía".

Otro triunfador: Francisco Maturana. Vapuleado por sus errores en pleno Mundial' 94 y luego en su corto paso por Millonarios, su nombre se convirtió en sinónimo de "mucho toque y toque, y de aquello, nada". Sin mercado en el país, se fue al exterior. Por Costa Rica su paso fue breve y polémico; y por Perú, traumático. No obstante, el péndulo de la opinión volvió a apuntar hacia su nombre, hacia sus logros como definidor de la imagen del fútbol nacional, tanto para los mismos futbolistas como para los aficionados del país y el mundo.

Entonces, ganó porque aprendió, y volvió a ganar, porque lo volvieron a llamar. Ahora es 'Maturana, el salvador' . Y, volteando la torta de García, si clasifica es porque salvó un proceso tambaleante, y si no, será porque no le dejaron mucho por hacer, con el equipo en el filo de la cuchilla y un calendario a prueba de cardíacos.

Los que gozan: ¿Habrá hincha que lamente la salida de Chiqui? De lo que se venía viendo hacia adelante, lo peor que puede pasar es que el rumbo sea el mismo. Cualquier timonazo es ganancia. Con un adicional: se ha tomado la cura contra el triunfalismo: ya se sabe (mejor: se recuerda) que Colombia no es de obligatoria presencia en un Mundial, y que la salida del club de los grandes es cuestión de un paso. Lo mismo que la clasificación.

Perdiendo, empatan: Alvaro Fina, Alvaro González y demás dirigentes son los malos de hoy, los grandes perdedores. Pero habrá que verles si Colombia clasifica. Y si no, ya pretendieron vacunarse con una declaración sin rubores: ahora, dicen, empezó un proceso a cinco años, sin exigencia de resultados en eliminatorias y Copa América...

... ¡Y mientras tanto, Argentina, a la espera! Porque, a todas éstas, la única que puede perder aquí, y eso en la cancha, es la Selección Colombia. Y con ella, todos los demás.

 



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