 |
| AP | Desde la Gran Depresión en 1929,
el NYSE no había cerrado sus operaciones por un período
de tiempo tan prolongado. Tras los ataques, sus transacciones
cesaron por cuatro días consecutivos. |
 |
| AP | Cinco años después, nadie
culpa a los atentados del 11 de septiembre por la falta de impulso
de algunos mercados ni por ningún efecto negativo en
el plano económico. |
La Bolsa de Valores sigue en su sitio
Nueva York, E.U.
Cinco años después de los atentados que durante semanas
sepultaron a las bolsas bajo una montaña de pesimismo, Nueva
York no ha perdido su lugar de capital financiera del mundo y sus
mercados no lucen cicatrices visibles de la tragedia.
Mayor seguridad en el perímetro del New York Stock Exchange
y algún que otro amago de ventas ante noticias de atentados
en otras partes del planeta o amenazas en suelo estadounidense son
los únicos recuerdos de los acontecimientos que por lo menos
momentáneamente parecieron cambiar para siempre la forma
de hacer negocios en E.U.
En un principio se temió que los atentados dejarían
secuelas de largo plazo, especialmente tras el cierre de cuatro
días del NYSE, el más largo desde la Gran Depresión
de 1929, y la posterior baja de un catorce por ciento del Dow Jones
de Industriales en la primera semana de negocios tras los ataques.
Sin embargo, el pánico duró poco, y en noviembre
de ese mismo año los mercados volvían a moverse en
los niveles que se registraban antes de los atentados.
Lo más sorprendente de esta rápida recuperación
de la bolsa fue que se produjo a pesar de los posteriores ataques
con ántrax, que atemorizaban a la población, y las
señales inequívocas de que la economía se encontraba
en una etapa de contracción.
Problemas anteriores
Aunque cifras posteriores comprobaron que la economía entró
en una recesión en el primer trimestre de 2001 y salió
de ella en los últimos tres meses del mismo año, lo
cierto es que los primeros datos que indicaban la contracción
se conocieron poco tiempo después de los atentados.
Como consta en un reporte del Servicio de Investigaciones del Congreso,
un año después de los atentados estaba claro que la
economía no había sido empujada "al abismo",
sino que ya se encontraba en una posición bastante difícil
antes de los ataques.
Incluso hay quienes creen que el aumento del gasto en defensa que
provocaron los ataques en realidad pudieron haber ayudado a la economía
a anotar un ritmo de crecimiento algo mayor al que se hubiese registrado
de otra forma.
Choque en aerolíenas
Hoy en día el Dow Jones Industriales se negocia muy cerca
de los niveles históricos que anotaba antes del reventón
de la burbuja de las empresas de Internet y tecnológicas
a inicios del año 2000, algo que a juicio de los expertos
tiene consecuencias mucho más serias que los ataques y cuyos
coletazos aun se sienten en la actualidad.
Pese a todo, y a la salud general que exhibe hoy el mercado, el
camino no ha sido fácil y muchas empresas sí han debido
pagar un importante precio a raíz de los atentados.
Se estima que unos 18.000 pequeños negocios fueron destruidos
o se vieron obligados a cambiar de ubicación por los atentados,
y los costos para las industrias de seguros y muchas compañías
financieras fueron bastante importantes.
El mayor afectado, sin duda, ha sido el sector de las aerolíneas,
que entre 2001 y 2005 perdió cerca de 40.000 millones de
dólares.
Cuatro de las mayores compañías de E.U., entre ellas
United y Delta, se vieron obligadas a declararse en bancarrota y
muchas otras estuvieron apunto de hacerlo, en gran media por el
pánico a viajar que experimentaron miles de viajeros tras
los atentados.
Búsqueda de una salida
Pero en una señal clara de que todo ha regresado a la normalidad,
tras estos años duros, las compañías del sector
disfrutan hoy de una mucho mejor posición.
Durante el segundo trimestre de 2006 las empresas consiguieron
una rentabilidad positiva por primera vez en mas de un lustro, y
se espera que en todo el año las pérdidas se reduzca
a unos 500 millones de dólares en total.
Para los expertos, esto muestra que antes que sucumbir a la adversidad,
muchas empresas se ven obligadas a replantear sus operaciones, reestructurarse
y reducir costos, lo que suele tener consecuencias para los trabajadores
pero a la larga permite que las compañías, y la economía
en general, se mantengan en un pie.
|