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11-S
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¿Usted cree que los atentados terroristas del 11 de septiembre
en Estados Unidos partieron en dos la historia de la humanidad?
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Análisis
Aquellos dos 11 de septiembre: el de Chile y
el de E.U.
Por
Isaac Bigio
Analista Internacional London School of Economics.
En esta fecha se ha cambiado el curso de la historia internacional
en las últimas 3 décadas. Hace un año un grupo
de aeropiratas se estrellaron contra las Torres Gemelas y el Pentágono.
Posiblemente los fundamentalistas islámicos que perpetruaron
esa matanza no se percataron que casi tres décadas antes la
principal sede de otro país americano había sido atacada
desde el aire.
En 1973 fue destruido el palacio de gobierno de Santiago. Dicha acción
no fue hecha por pilotos extranjeros sino por unas Fuerzas Armadas
que habían estado apuntaladas por la CIA, la agencia de inteligencia
de la misma superpotencia que sufriría el macro-atentado del
2001.
El 11 de septiembre de 1973, así como el del 2001, se alteró
el orden mundial. Hace 29 años se puso punto final al primer
experimento de gobierno constitucional de partidos pro-soviéticos
en Occidente. Pese a que la Unidad Popular chilena manifestaba someterse
al sistema de las democracias capitalistas representativas patrocinadas
por Washington, la administración estadounidense le consideró
intolerable.
Antes del golpe de Augusto Pinochet la izquierda había crecido
electoralmente y había un clima de tensión social. El
canciller norteamericano Henry Kissinger sostenía que no se
podía aceptar que un pueblo por ignorancia se tornase comunista.
El cuartelazo santiagueño sirvió para demostrar que
el principal poder occidental no podría tolerar gobiernos contestatarios
aunque fuesen elegidos bajo sufragio universal. Además alentó
la consolidación o extensión de las dictaduras anti-comunistas
en todo el Cono Sur.
El nuevo régimen instaurado el 11 de septiembre de 1973 sería
el mismo que iniciaría el actual modelo económico que
acabaría por implantarse como moda durante la globalización.
La receta pinochetista consistía en renunciar al viejo sistema
de economía keynesiana, que protegía la industria y
el mercado internos, que promovía el desarrollo buscando sustituir
las importancias y elevando el consumo mediante el incremento del
nivel de ingresos de la población.
Para la escuela de Chicago se imponía dar paso a una economía
abierta a las importaciones y al libre flujo de capital extranjero.
Pese a que ello implicaría una inicial destrucción de
muchas industrias que producían para el mercado interno, el
aumento del desempleo y la reducción de salarios reales y condiciones
laborales, a la larga -se sostenía- se permitiría una
nueva acumulación de capital. Orientándose hacia la
exportación y estabilizando la moneda, Chile empezó
a mostrar una pujanza económica que quizo ser imitada por otras
naciones del hemisferio sur.
Para los críticos del neo-liberalismo se trataba de hambrear
al pueblo para exportar. Para el monetarismo en boga ésta era
la única posibilidad de poder competir en el mercado internacional
y desarrollar a los países en ese camino. El pinochetazo fue
uno de los momentos de mayor conflicto entre las dos superpotencias
cuando ambas parecían haber llegado a la década de los
setentas a un nivel de empate.
A fines de esa década la nueva administración de Carter
fue dando un viraje hacia patrocinar los derechos humanos como vía
para minar al bloque soviético y para dar base social a los
nuevos gobiernos que aplicasen reajustes económicos en Latino
América. El modelo militar impuesto en Chile el 11 de septiembre
de 1973 fue siendo dejado de lado para patrocinarse el sistema neo-liberal
que éste había empezado a alentar. La mayor victoria
de dicho evento fue que a larga los propios países del Pacto
de Varsovia acabarían por renunciar al sistema de economías
planificadas y de régimen de partidos únicos comunistas,
para abrazar el mercado capitalista. El monetarismo pinochetista se
convertiría en una panacea para varios círculos en Moscú.
En el 11 de septiembre del 2001 le tocó a los E.U. el recibir
un ataque desde el aire. Los símbolos de su poderío
militar y económico fueron atacados. La CIA esta vez no fue
acusada de organizar el golpe, sino de no haberse dado cuenta de ella
o, en el peor de los casos, haberlo dejado pasar para justificar una
carrera militarista.
En ambas fechas de 1973 y 2001 las administraciones nortamericanas
estaban en manos de republicanos duros. Bush hijo y Kissinger son
quienes hoy encabezan la tendencia halcona dentro del partido gobernante
planteando una inmediata guerra contra Irak, aunque muchos líderes
republicanos se muestran dudosos sobre si es conveniente lanzarse
a una intervención bélica sin suficiente apoyo internacional
o justificativos.
Tras el 11 de septiembre del 2001 los E.U. lanzaron un proyecto de
incremento militar fuerte. El presupuesto armamentístico de
la única super-potencia subió hasta significar más
que la suma de los demás siete siguientes poderes. Se vertebró
la mayor coalición de países nunca antes vista para
poder atacar Afganistán. Uno de los países más
pobres del planeta empezó a recibir cada mes un promedio de
mil millones de dólares en bombardeos. Esta cifra equivalía
al promedio de las exportaciones afganas en más de doce años.
La incursión en Afganistán condujo a la caída
del gobierno y a que éste fuese remplazado por una coalición
de caudillos militares, muchos de ellos con peores historiales de
matanzas contra indefensos y crímenes de guerra que los propios
talibanes. Ni Bin Laden ni Mullah Omar han sido capturados. Pinochet
fue apresado y luego liberado. Los responsables de las dos matanzas
de los 11 de septiembre han recibido distinto juzgamiento por parte
de Occidente. Ambos han sido colaboradores de la CIA pero uno siempre
se mantuvo amigo de los E.U. pero el otro le agredió. Al general
chileno se le permitió regresar a su país bajo presión
de los conservadores. Al fundamentalista saudita se le persigue al
extremo de haberse producido unas 3,000 muertes civiles con los bombardeos
occidentales en Afganistán.
Pese a que no se ha dado con el objetivo de capturar a los organizadores
del macro-atentado contra Manhattan y Washington, la lección
que ha dado Busc es que su país es el policía global
y que tiene la capacidad de poner orden donde allí lo considere
necesario. La nueva doctrina que se ha impuesto es la de tratar con
dureza a todos aquellos a quienes se sindican como terroristas. Siguiendo
esas pautas Sharon se lanzó a arrasar a la Autoridad Nacional
Palestina. El gobierno indio ha incrementado su accionar contra los
separatistas de Cachemira y se ha planteado la posibilidad que se
pudiese desatar la primera guerra nuclear, la cual sería entre
la India y Paquistán. En Colombia subió a la presidencia
Alvaro Uribe pregonando una ofensiva generalizada contra la guerrilla.
En el País Vasco acaba de decretarse la ilegalización
de Batasuna, un partido que aglutina a más de un décimo
del electorado pero que es acusado de ser el brazo legal del Eta.
Muchos críticos de la nueva línea dura sostienen que
las cruzadas anti-terroristas no buscan dar solución al real
problema que ocasiona la violencia social. El crecimiento de las desigualdades
entre naciones y clases, el incremento de la pobreza y el deterioro
del medio ambiente son cuestiones que a los E.U. se les acusa de menospreciar,
y son éstas las que ocasionarían diversos movimientos
sociales o el accionar de grupos violentistas. Para los partidarios
de la línea anti-terrorista se necesita poner orden a nivel
global para poder garantizar las inversiones y la economía.
Los dos XI-IX fortalecieron inicialmente a la derecha republicana
y a su agenda de mayor dureza militar contra sus enemigos, mayor intervencionismo
norteamericano y mayores concesiones para las multinacionales estadounidenses.
En el primer caso la linea halcona de Nixon-Kissinger conllevó
a un eventual debilitamiento de Washington y a levantamientos anti-norteamericanos
exitosos en Indochina, Nicaragua e Irán. En el segundo caso
está llevando a Busc a una política de intervención
bélica en Irak que podría aislar a los E.U. en relación
con diversos aliados europeos y musulmanes, y que podría terminar
produciendo nuevas reacciones contra dicha potencia. |
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