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Altibajos de la gestión Bush
El tono
reflexivo de las ceremonias en homenaje de las víctimas,
cambiará a partir de mañana cuando el presidente George
W. Bush se dirija ante la Asamblea General de las naciones unidas.
Allí hará un llamado al organismo internacional para
que imponga el desarme a Iraq.
El 11 de septiembre permitió al presidente Bush subir popularidad.
Antes de los atentados afrontaba fuertes críticas por su
política exterior.
Lucha contra el terrorismo le posibilitó ejercer mayor liderazgo.
La campaña política y escándalos financieros
le restan fuerza.
Por
Silvia Dangond
Gibsone
Colaboradora en Washington-E.U.
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Habiendo ganado las elecciones con uno de los márgenes
más bajos desde 1876 y criticado ampliamente por su falta
de conocimiento en política internacional, parecía
que al inicio de su mandato George W. Bush no estaba preparado para
su cargo.
Paradójicamente y sin querer, los ataques terroristas del
11 de Septiembre contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono
en Washington le ayudaron a contrarrestar esa primera imagen, logrando
así altísimos índices de popularidad entre
los norteamericanos.
Con un porcentaje histórico del 92% en las encuestas, alcanzado
tan solo un mes después de la tragedia, Bush se consolidó
y, según analistas, encontró el perfecto rol en su
carrera, justo a sus ideales. Así mismo, consiguió
pasar varias medidas en el Congreso que posiblemente no habría
logrado introducir de no haber contado con ese gran grado de aceptación.
Según opinón en ese momento el congresista republicano
Rick Santorum, "con este liderazgo presidencial, hay más
ayuda en el capitolio. Bush se puede dar el lujo de decir qué
necesita para librar la Guerra y fortalecer la economía.
Esto es importante por que así nosotros articulamos rápidamente
lo que él quiere". Y es que las encuestas del momento
mostraban a los norteamericanos satisfechos, seguros y tranquilos
con la labor de su presidente. La unión de los demócratas
y republicanos en el Congreso lo dejaban muy bien parado frente
a los estadounidenses que necesitaban un gobierno sólido
en aquel difícil momento.
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Del 11 a los escándalos
Hoy, un año después de la tragedia y habiendo tenido
que enfrentar escándalos financieros y recientemente algunas
críticas por el manejo de la guerra contra el terrorismo,
la idea de entrar a Iraq y derrocar a su líder Sadam Hussein,
son más los estadounidenses que opinan que su presidente
sigue haciendo una buena labor que los que no. Sin embargo, como
lo afirmaron algunos expertos, no era lógico que se conservara
indefinidamente ese 90% de aceptación popular.
En abril de este año una encuesta realizada por CBS ponía
a Bush con un 77% de aceptación y el siguiente mes una de
CNN y USA Today le daba el 79% de popularidad entre los estadounidenses.
Hoy, según el Washington Post, quienes mantienen la idea
de que Bush sigue haciendo una labor efectiva y positiva en su país
están dentro del 69%.
Y aunque a primera vista la disminución en el porcentaje
podría ser un mal signo, algunos mantienen su confianza en
la fortaleza política de Bush alcanzada desde los ataques
terroristas el año pasado.
El pasado 23 de Julio, Matrhew Dowd encargado de las encuestas en
la Casa Blanca envió un memo a los republicanos anunciando
que "luego de 44 semanas el presidente Bush sigue manteniendo
índices de popularidad históricos". Además,
según Dowd, "el descenso del porcentaje alcanzado luego
del 9/11 era de esperar".
Según expone Matrhew Dowd, "la baja no responde a los
eventos financieros sino a una curva natural en este tipo de acontecimientos".
No hay que olvidar que Estados Unidos está ad portas de las
elecciones de Congreso. Los dos partidos se juegan el poder de las
cámaras y la imagen que Bush tenga frente a su pueblo beneficiará
de manera radical a los republicanos que quieren el poder. Por eso
la preocupación.
Arremetida demócrata
Sin embargo los republicanos no están tranquilos. Los demócratas
están aprovechando cada una de las razones por las cuales
los analistas afirman que Bush ha caído en las encuestas.
Las preguntas frente a los sucesos de 11 de septiembre, las dudas
sobre lo que se sabía o no antes de los ataques, los escándalos
financieros, la falta de apoyo internacional, entre otras, se convierten
en las mejores armas políticas del partido opositor.
Así, Bush se encuentra hoy en una cuerda floja y tendrá
que andar con pies de plomo. A un año de la tragedia del
11 de septiembre quedan muchas preguntas por responder que pueden
seguir haciendo drásticamente girar su vida política.
Pero si algo tuvo que haber aprendido George W. Bush de la presidencia
de su padre es que los altos índices en las encuestas no
son garantía de total éxito. Como se sabe, luego de
la Guerra del Golfo en 1991 Bush padre alcanzó una aceptación
del 90%. Paradójicamente, 20 meses después salió
de la Casa Blanca teniendo en contra a casi el 70% de los norteamericanos.
En ese momento solo lo apoyaba el 37% de la población, siendo
ese en 80 años el porcentaje más bajo de popularidad
de un presidente.
De todas maneras a George W. Bush le queda aún medio camino
por recorrer. Más que las encuestas serán sus acciones,
sus decisiones y los resultados los que ayuden a los norteamericanos
a juzgarlo.
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