El
coraje tiene rostro de héroe
El jefe del cuerpo de bomberos de N.Y., Joseph Pfeiffer, fue una de
las primeras personas que llegó a las torres. "nos informaron
que había fuego en el piso 78, llamé a un teniente y
le dije que subiera hasta el piso 70. me miró en silencio y
se fue a cumplir su deber. Nunca más lo vi. Era mi hermano
Kevin".
Hace un
año fallecieron 343 bomberos, de ellos 50 estaban fuera de
servicio y se trasladaron a las torres voluntariamente.
Muchos
no quieren ser vistos como héroes.Desean que los miren como
seres normales, que sólo cumplían con su deber.
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Archivo-AP
Esta imagen de los días posteriores a la tragedia surgió
como un símbolo de los deseos de los neoyorquinos de
levantarse de los escombros y de ver a los bomberos como los
héroes de la dolorosa jornada terrorista. Desde entonces,
la bandera estadounidense se luce con orgullo en el carro, en
la casa o en alguna prenda de vestir. |
Si quiere ponerme un rótulo, soy un sobreviviente,
dice, acudiendo a la simpleza de las palabras, el bombero Bobby Le
Rocco. El cuartel de bomberos de Great Jones Street en Nueva York
, donde él labora, perdió 10 brothers el
11 de septiembre y para el teniente Le Rocco y el resto del personal
de la estación, la imagen de héroe conferida por la
opinión pública, los medios de prensa y los responsables
de la ciudad es una calificación incómoda.
El cuartel de Great Jones Street en el Bajo Manhattan, es un ejemplo
clásico de las viejas estaciones de la ciudad, con dos camiones
y un unido equipo de bomberos.
Ambas unidades con 15 miembros respondieron el primer llamado de emergencia
y sólo 5 bomberos retornaron al cuartel.
En los días y semanas que siguieron al 11 de septiembre, los
vecinos se reunían diariamente en la estación, para
ofrecer improvisadas plegarias y llevar flores y velas para recordar
a los bomberos muertos.
De algún modo, creo que nos convertimos en la cara visible
del duelo personal y los traumas de la gente, dice el teniente
Lou Azevedo.
Mucha gente vino a ofrecer sus condolencias pero otros tantos
buscaban, de alguna manera, ser confortados, agregó Azevedo.
Para el jefe del cuerpo de bomberos de Nueva York, Joseph Pfeiffer,
la cuestión del reconocimiento desmedido también es
extraña.
Él, que fue una de las primeras personas que llegó al
World Trade Center minutos después de que el primer avión
se estrelló contra una de las torres, asegura que nadie
elige ser parte de la historia. La historia ocurre, y el heroísmo
es el de la gente común que hace cosas ordinarias en momentos
extraordinarios.
El dolor del coraje y el heroísmo
El Departamento de bomberos de Nueva York (NYFD) perdió 343
hombres el 11-S y la fotografía de tres de ellos levantando
una corroída bandera de las estrellas y las franjas en medio
de las ruinas humeantes del World Trade Center ya alcanzó el
estatus de ícono.
Toda referencia a los bomberos en los medios de prensa o en discursos
oficiales es inevitablemente salpicada con términos como coraje,
heroísmo o supremo sacrificio. No necesito que me consideren
un héroe. Tengo tres hijos y una esposa que están muy
orgullosos de lo que hago. Es suficiente para mí, confiesa
el chofer Thomas Baroz.
El deseo del personal estaciones como la de Great Jones Street de
escapar de la atención pública se ha visto frustrado
por el furor de los medios ante el aniversario del drama. Las profundas
y contradictorias emociones provocadas por el aniversario se prolongarán
hasta octubre, cuando el NYFD celebra su conmemoración anual.
La de 2001 fue cancelada a causa de los ataques. Para el teniente
Le Rocco, la conmemoración será una oportunidad para
recordar a quienes murieron y evocar su propio escape milagroso.
Le Rocco estaba en el segundo piso de la torre norte del World Trade
Center cuando se derrumbó. No solamente sobrevivió,
sino que no resultó herido, al ser protegido por una viga de
acero cuando cayó el edificio de 110 pisos.
Al principio pensé que si eso era la muerte, no era tan
mala, dice Le Rocco. Pero luego me di cuenta de que estaba
vivo. Había 30 personas a mi alrededor cuando el edificio se
derrumbó. Todos murieron.
Cuando logró escapar de los escombros fue directamente a trabajar,
pero al igual que otros en el cuartel, hace una mueca al rótulo
de héroe. Los que murieron son los héroes. Ellos
se ganaron el calificativo, dice, con un gesto hacia el cuadro
con un collage de fotos de los bomberos de Great Jones Street que
murieron.
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Una carga pesada
John Hemsley pasó sus vacaciones de verano en una playa de
Carolina del Sur, tratando de escapar de la atención pública.
Evitó responder a preguntas de los turistas acerca de su
ocupación y no llevó consigo uniformes ni cascos que
pudieran servir de indicios de que es bombero.
Pasé la semana tratando de que nadie supiese quién
soy, dijo. Estaba harto de ser héroe.
En su condición de capitán del Departamento de Bomberos
en una unidad de Manhattan que perdió nueve hombres en los
ataques, Hemsley fue lanzado a la luz pública.
A partir de ese momento, el capitán ha sido invitado desde
una graduación de una escuela secundaria, a múltiples
actos de grupos religiosos y a incontables banquetes a beneficio
de las más variadas instituciones. Sentí la
obligación de hacerlo, agregó. Pero me
sentía abrumado por tanta atención.
Para el bombero Mike Heffernan, que perdió a su hermano en
los ataques, es una carga muy pesada. Especialmente por el
dolor que uno todavía siente por lo ocurrido.
En los días que siguieron al 11 de septiembre, los cuarteles
de bomberos de Nueva York fueron centro de peregrinaciones y la
imagen del bombero se convirtió en un objeto de veneración.
Ahora, cuando una compañía de bomberos de la zona
donde estuvieron las Torres Gemelas sale a apagar un incendio, los
bomberos tienen que detenerse en su camino de vuelta para firmar
autógrafos y posar para fotos con los transeúntes
En los meses que siguieron después de la tragedia, el departamento
fue asediado por solicitudes para hacer presencia en actos públicos.
Así, los hombres que iban con sus colegas al bar cuando terminaban
su trabajo, ahora pronunciaban discursos en banquetes de gala. Las
atenciones recibidas no hacen sino recordar a los bomberos el trauma
de aquel día, y les privan de horas que podrían pasar
con sus familiares cuando éstos más lo necesitan.
Sólo en los últimos meses les ha sido posible a los
bomberos hallar el tiempo necesario para reflexionar sobre lo ocurrido.
El resultado de una de esas reflexiones -según ellos mismos
afirman- es que el pedestal sobre el que han sido colocados es ficticio.
Somos gente común y corriente, sentenció
Heffernan.
EL COLOMBIANO | EFE | AFP | AP
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