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11 de septiembre
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11-S
¿Usted cree que los atentados terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos partieron en dos la historia de la humanidad?


Bush y Blair, la mira en Iraq



Reuters, Bagdad-Iraq
Mientras en Bagdad crecen las manifestaciones a favor de su líder Sadam Hussein, Estados Unidos carga todas sus baterías contra el presidente iraquí. Mohammed Atta, considerado como el jefe de los kamikazes que atacaron las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, se habría entrevistado con Hussein antes de esa fecha, según Richard Perle, presidente del Consejo consultivo para la defensa ante el Pentágono.
Scott Ritter, un ex inspector de Naciones Unidas que rechaza la acusación de Estados Unidos contra iraq sobre un presunto desarrollo de armas de exterminio masivo, dijo en bagdad que si e.u. ataca estaría cometiendo un error.

"Parece que mi país está a punto a cometer un error histórico", expuso Ritter ante el parlamento iraquí.

E.U. y Gran Bretaña, cabezas de la guerra contra el terrorismo, realizan ofensiva diplomática para obtener aliados en un posible ataque a Iraq.

Por
Ber-Buri
Medellín

Cuando dos aviones comerciales convertidos en misiles atravesaron el corazón de Estados Unidos (los dos rascacielos más altos de Nueva York) como un cuchillo penetrando un bloque de mantequilla, millones de horrorizados televidentes en todo el mundo inmediatamente pensaron en el presidente de Iraq, Saddam Hussein.

¿Quién pudo ordenar que se cometiera una acción tan atroz y demencial? Cuando se comprobó el acto terrorista de entrada, como es apenas natural, la opinión mundial dio rienda suelta a las especulaciones. La lista de enemigos de Estados Unidos es abultada como un directorio, cuyas páginas amarillas encabezan Sadam Hussein, el líder libio Mohamed Khadafi y terroristas árabes de cualquier nacionalidad, entre otros.

En principio se asoció el atentado con aquel sangriento ataque de un comando extremista palestino llamado "Septiembre Negro" contra las Olimpiadas de Munich-72, por la coincidencia de la fecha. Pasaron pocos días para que las pesquisas dirigieran sus baterías hacia alguien que también tenía razones, por su resentimiento personal contra el pueblo norteamericano: el multimillonario terrorista Osama Bin Laden.

Fue cuando Estados Unidos desató la más descomunal acción de guerra de los últimos tiempos y concentró su actividad militar en el inaccesible Afganistán, en procura de acabar con la red Al Qaeda y agarrar, vivo o muerto, al enemigo público más buscado del mundo.

Ese fue el primer tiempo de la guerra antiterrorista de Estados Unidos y sus aliados. El segundo paso de esta delirante contienda es una especie de declaratoria de guerra que en enero pasado lanzó el presidente George W. Bush contra tres países que él mismo calificó como "eje del mal": Iraq, Corea del Norte e Irán. Sin embargo, la mira está puesta sobre todo en Iraq y concretamente en su mandatario Sadam Hussein.

Iraq abre el paraguas
Tres son las acusaciones concretas que plantea Estados Unidos para justificar un ataque militar contra Iraq: Posesión de armas químicas, biológicas y de destrucción masiva, intentos por obtener o construir armamento nuclear y permitir la protección y el asilo de terroristas.

El gobierno de Bagdad utiliza como escudo protector tres argumentos en su defensa, para evitar el ataque aliado: El haber facilitado en el pasado la visita a su territorio de supervisores de armamentos de las Naciones Unidas, la orden de detención contra el líder extremista palestino Abu Nidal, a pesar de que el pasado agosto apareció muerto en Bagdad (aparente suicidio) y el hecho de que Iraq nunca reconoció el régimen afgano de los talibán, el grupo que dio refugió a Bin Laden.

Los inspectores de Naciones Unidas abandonaron a Iraq en vísperas del bombardeo de E.U. y Gran Bretaña en 1998. La obsesión de George W. Bush se constituye en un nuevo caso en que un Bush fija su mira en Hussein. Ya su padre había decretado la Guerra del Golfo contra Iraq en 1990, para contrarrestar la invasión de este país a su aliado Kuwait. Bush padre ganó la confrontación, pero no pudo derrocar a Hussein.

El dedo en el gatillo
Más de una década después, un ataque aliado de Estados Unidos y Gran Bretaña pareciera inminente, pero los dos gobiernos han encontrado resistencia de la comunidad internacional, principalmente de los árabes.

El presidente Bush adelanta intensos contactos diplomáticos y el próximo jueves, ante la Asamblea de las Naciones Unidas, pedirá legitimar el ataque contra Iraq. Es posible que en ese foro, Bush lance un ultimátum contra Iraq para que acepte a los inspectores, aunque de todos modos los altos funcionarios han expresado que se reserva el derecho de atacar en forma unilateral. Informes de las agencias de prensa registran que Estados Unidos planea un ataque relámpago antes de la elecciones estadounidenses de noviembre. Sin embargo, voceros militares expresan que en caso de ataque, éste sólo se produciría a principios de 2003.

De hecho, ya existe un estado de guerra, con aviones patrullando las zonas de exclusión de vuelos establecidos en el norte y sur de Iraq. En tierra, E.U. ya montó una poderosa base militar en Kuwait. Allí esperan órdenes 67 tanques Abrams M-1 y vehículos de combate. Aunque múltiples voces piden no actuar unilateralmente, como la del propio Scott Ritter, el estadounidense que lideró el equipo de inspectores de Naciones Unidas, la posición de Bush es la disuasión militar.

 

 


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