| De
las ruinas del World Trade Centre surgió una paz frágil
en Afganistán
Una paz frágil, después de 23 años de guerra,
surgió de la campaña militar estadounidense lanzada
en la estela de los atentados del 11 de septiembre para liberar
a Afganistán del régimen fundamentalista talibán.
Un año después, las fuerzas estadounidenses se instalaron
por primera vez en su historia en este país de Asia central
donde, mientras buscan a Osama bin Laden, apoyan y vigilan al mismo
tiempo a un gobierno formado por las principales fuerzas antitalibanes.
El presidente afgano Hamid Karzai, perteneciente a la etnia pashtún
mayoritaria, fue elegido en junio presidente de un gobierno de transición
hasta las elecciones previstas en 2004. Debe su legitimidad a una
Loya Jirga (asamblea tradicional afgana), donde hubo que lograr
delicados equilibrios entre etnias y fuerzas político-militares
del país.
De hecho, los principales actores de la yihad (guerra santa) contra
la ocupación soviética (1979-1989), de la guerra civil
(1989-1996) y de la guerra contra los talibanes (1996-2001) siguen
allá, con sus propias fuerzas. La Alianza del Norte, que
perdió a su carismático líder Ahmed Sha Massud,
muerto en un atentado dos días antes de los ataques del 11
de septiembre, es la dominante después de haber recuperado
Kabul.
Ismail Khan, el poderoso gobernador de la provincia de Herat (oeste),
el uzbeko Abdul Rachid Dostam (norte) y el tayico Atta Mohamed (norte)
reconstituyeron su feudo haciendo juramento de fidelidad al nuevo
gobierno. El ex presidente Burhanuddin Rabbani espera su hora, y
la sombra del pashtún Gulbuddin Hekmatyar, ex primer ministro
en paradero desconocido, sigue planeando sobre el país, sobre
todo porque los pashtunes, de los que los talibanes son la emanación,
no están unidos.
El regreso del ex rey Zahir Sha después de 29 años
de exilio dio una legitimidad moral y pashtún al nuevo régimen,
pero "la sociedad pashtún está en crisis",
constató el representante especial del secretario general
de las Naciones Unidas, Lajdar Brahimi, en una entrevista con la
AFP.
En las regiones del sur y del este del país, limítrofes
con la frontera paquistaní, continúan las principales
operaciones militares de las fuerzas de la coalición antiterrorista
contra los talibanes o los restos de la red Al Qaida.
La seguridad y la paz están ampliamente garantizadas en
el resto del país, pero como subraya un diplomático,
"se debe también a la presencia de los B52 estadounidenses".
Además de los 7.000 soldados estadounidenses y los cerca
de 5.000 militares de la Fuerza Internacional de Asistencia a la
Seguridad (Isaf), oriundos de 20 países y que patrullan Kabul
y sus alrededores, el dinero es el otro pilar de la paz.
El Estado afgano está totalmente bajo perfusión financiera
internacional y de esta ayuda dependen su presupuesto, la reconstrucción
del país y la ayuda humanitaria a la población, entre
ellos 1,6 millones de refugiados que regresaron de Pakistán
o Irán. Las agencias de las Naciones Unidas, las organizaciones
no gubernamentales e incluso los militares intervienen en todos
los niveles, distribuyendo comida y medicamentos, reconstruyendo
escuelas o carreteras.
La comunidad internacional prometió 4,5 millardos de dólares
en cinco años, 1,8 millardos de ellos este año. A
fines de agosto sólo se habían pagado 600 millonees,
lo cual preocupa a las nuevas autoridades afganas, que saben que
la población no se mantendrá tranquila más
que si empiezan a satisfacerse sus necesidades.
EL COLOMBIANO | AFP
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