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11-S
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¿Usted cree que los atentados terroristas del 11 de septiembre
en Estados Unidos partieron en dos la historia de la humanidad?
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Rusia,
la India y Pakistán ganan tras 11 de septiembre
Un antiguo espía de la KGB y dos rivales nucleares de Asia
central que antes eran cuestionados, han emergido como los sorpresivos
ganadores en el escenario mundial tras el 11 de septiembre, mientras
que se ha opacado la estrella de la una vez confiable casa real saudita.
Los analistas dicen que el presidente ruso Vladimir Putin aprovechó
la oportunidad de ofrecer ayuda de inteligencia sin precedentes para
la "guerra contra el terrorismo" de Estados Unidos, lo que
le permitió reacomodar a Rusia como un aliado de confianza,
aunque no silencioso en cuanto a críticas.
La dirigencia militar de Pakistán, hasta ahora, ha cambiado
su condición de estado cuestionado por la de miembro de la
coalición que persigue a Osama bin Laden, el principal sospechoso
de los ataques del año pasado en Washington y Nueva York, y
su falta de credenciales democráticas de repente ha pasado
a un segundo plano.
Su rival en la región, la India, también ha salido ganando
por el incremento de la presencia de Estados Unidos en el área,
especialmente en el conflicto de Cachemira, mientras que varios líderes
de Asia Central que antes eran observados como incómodos, renacieron
como aliados estadounidenses y baluartes contra el extremismo musulmán.
Las bombas estadounidenses y los cohetes Kalashnikov rusos ayudaron
a expulsar de Afganistán al purista movimiento Talibán
que dio refugio a Bin Laden, aunque la reconstrucción de este
país será una tarea más pesada que los 12 trabajos
de Hércules para el presidente Hamid Karzai. Sin embargo, Arabia
Saudita, otrora el típico estado árabe prooccidental,
ha perdido influencias. Quince de los individuos que secuestraron
los aviones el 11 de septiembre eran ciudadanos sauditas.
Renacimiento ruso
"Desde un punto de vista estadounidense, no hay dudas de que
Rusia dio un salto en la lista de socios posibles", dijo Philip
Gordon, de la Institución Brookings de Washington. La reciente
aceptación por Rusia de uranio Yugoslavo en una operación
financiada por Estados Unidos, es una prueba clara de la nueva confianza
de Washington en Moscú, agregó.
"La habilidad de Putin no fue sólo percibir la oportunidad
de acercarse a Estados Unidos, sino librarse o eludir de un golpe
las críticas de gobiernos occidentales en torno a Chechenia",
dijo Jonathan Eyal, del Real Instituto de Servicios Unidos para Estudios
de Defensa, en Londres. "Incluso se las arregló para persuadir
a la elite de Moscú de que esta vez el cambio era real, no
sólo de la parte rusa, sino también de Occidente",
agregó.
Putin ha pedido recompensas económicas concretas para robustecer
sus ganancias políticas, como la afiliación plena al
Grupo de los Ocho países más industrializados del mundo
y un nuevo acuerdo con la OTAN, que sigue siendo el principal cuerpo
de seguridad de Europa. Una mayor cooperación de Estados Unidos
con Rusia ya es evidente en torno a las riquezas petroleras del Mar
Caspio y Moscú ahora se presenta como una fuente estratégicamente
alterna de suministros petroleros.
"Las ventajas que está obteniendo Rusia y que a la larga
obtendrá (...) son oportunidades pero no dinero en efectivo",
dijo Boris Makarenko, subdirector del Centro de Tecnologías
Políticas de Moscú. "Sin embargo, son absolutamente
vitales para la modernización que Rusia está impulsando
en este momento".
Gran Bretaña y la OTAN
El primer ministro británico se ganó elogios en Estados
Unidos por su apoyo incuestionable al presidente George W. Bush, al
costo de duras críticas en casa por plegarse demasiado a la
política de Washington. Sin embargo, según Francois
Heisbourg, director de la Fundación de Estudios Estratégicos
de París, "en los temas de importancia para los británicos,
como el tratado de Kyoto (sobre cambios climáticos), la Corte
Penal Internacional y en un sentido más general la creación
de un sistema internacional multilateral, a los estadounidenses realmente
no les importan los intereses británicos".
También en baja, pero no descartada quedó la OTAN. Antes
parte integral del esquema de seguridad de Estados Unidos, quedó
a un lado y de ella Washington seleccionó apenas una "coalición
de voluntarios" para la guerra de Afganistán. "La
forma en que Estados Unidos se comportó al consultar en las
semanas posteriores al 11 de septiembre fue una revelación
para ciertos países bien integrados a la OTAN que no se habían
percatado cuán marginal se había hecho la alianza en
el esquema de seguridad estadounidense", dijo Heisbourg.
Aparte de Rusia y Gran Bretaña, los conservadores en el poder
en Washington están muy decepcionados de sus aliados europeos
de la era de la Guerra Fría. "Existe una percepción
de que Europa no está dispuesta a mantenerse totalmente a nuestro
lado en la guerra contra el terrorismo", dijo Gordon, de la Institución
Brookings.
"Moscú, por otra parte, es sólido y lo irónico
es que (...) desde el 11 de septiembre son los rusos quienes se han
convertido en el primer aliado y posiblemente un socio energético
y antiterrorista de Estados Unidos, mucho más que los europeos
de Occidente".
Victorias de enemigos tradicionales
La India y Pakistán, criticados internacionalmente por hacer
pruebas atómicas, se vieron de pronto favorecidos. El líder
paquistaní Pervez Musharraf, hasta entonces cuestionado y presionado
para que restaurara la democracia, se convirtió de la noche
a la mañana en un aliado clave para las acciones militares
de Estados Unidos en la vecina Afganistán, al tiempo que aprovechó
para reprimir la intensa oposición interna a sus políticas.
"Tiene ahora mucho más libertad que antes para mantener
su bomba (nuclear) y su poder militar, así que en ese sentido
Musharraf es un claro ganador", dijo Gordon. Su rival, la India,
mientras tanto, vio desaparecer las presiones de Washington por sus
pruebas nucleares. "Aunque Estados Unidos está actualmente
más apegado a Pakistán por razones obvias, no creo que
los estrategas militares estadounidenses duden mucho de que el socio
estratégico en la región a largo plazo es la India",
dijo Eyal.
"La India es la democracia, el estado inmenso con una gran economía.
Pakistán será más un socio pasajero mientras
que las relaciones con la India han de ser para largo", agregó.
El verdadero perdedor
El 11 de septiembre, sin embargo, planteó a Estados Unidos
una revisión radical de sus relaciones con Arabia Saudita,
el mayor productor mundial de crudo y viejo aliado económico
y militar de Washington en el Golfo Pérsico. Cuna de la mayoría
de los extremistas que secuestraron los aviones el 11 de septiembre,
el reino árabe es percibido ahora como parte del problema y
no de la solución.
"Los sauditas saben que han estado enfrascados en un juego de
dos filos", dijo Eyal. "Eran oficialmente prooccidentales,
mientras que en privado financiaban la exportación de esta
simplista y estúpida forma del islamismo que ellos apoyan,
que simplemente no es compartida por casi ningún otro país
del mundo".
"Lo que era impensable hasta ahora, los planes para cuando la
dinastía Saud desaparezca de Arabia Saudita, están ahora
muy presentes en los estrategas estadounidenses. Así que quizás
Bin Laden haya tenido éxito en ese pequeño aspecto.
Cambió nuestra percepción sobre Arabia Saudita",
dijo. Steven Simon, director asistente del Instituto Internacional
de Estudios Estratégicos de Londres, dice que hablar de ganadores
y perdedores pasa por alto el verdadero significado de las 3.000 muertes
en el Pentágono y las Torres Gemelas del World Trade Center.
"(El gran cambio es) el surgimiento del terrorismo apocalíptico
y los peligros que las armas de destrucción masiva representan
para las democracias occidentales. No mucho se está haciendo
sobre eso porque es muy poco lo que puede hacerse", explicó.
EL COLOMBIANO | Reuters |
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