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11 de septiembre
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11-S
¿Usted cree que los atentados terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos partieron en dos la historia de la humanidad?


11 de septiembre altera conflicto en Oriente Medio


AP
Los ataques del 11 de septiembre contra Estados Unidos parecieron ser la sacudida que haría que israelíes y palestinos recuperaran la cordura y rompieran su ciclo de violencia. Un año después, los atentados que provocaron la "guerra antiterrorista" de Estados Unidos han alterado la dinámica del conflicto del Oriente Medio pero no han logrado que la región esté más cerca de la paz.

"Los sucesos del 11 de septiembre tuvieron tal impacto mundial que por un momento existió la esperanza de un cambio de mentalidad en el Oriente Medio", dijo Ephraim Inbar, un experto del Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos en Tel Aviv. "Tristemente, eso no ha ocurrido".

Con Estados Unidos ahora apuntando hacia Iraq como su próximo blanco probable después de Afganistán, Washington espera una calma prolongada en el levantamiento palestino de casi dos años, mientras lucha por romper la oposición árabe a otra Guerra del Golfo. Pero varios analistas dicen que en el último año el mediador tradicional de la región se ha mostrado prácticamente incapaz de contener el derramamiento de sangre entre israelíes y palestinos.

En ese período, el primer ministro israelí, Ariel Sharon, ha probado ser adepto a sacar provecho al 11 de septiembre. Pocos días después de los ataques contra Nueva York y Washington, Sharon dijo al secretario de Estado Colin Powell que el líder palestino, Yasser Arafat, era "nuestro (Osama) Bin Laden", aludiendo al militante islámico y principal sospechoso de planear los atentados contra Estados Unidos.

Las autoridades estadounidenses, entonces temerosas de cualquier amenaza a los esfuerzos por reclutar a los estados árabes a la alianza global contra el terrorismo, se apresuraron a echar agua fría sobre la comparación. Pero a medida que los militantes suicidas continuaron los ataques desde territorio palestino, Washington dejó de refutar el argumento de Sharon de que Israel tenía derecho a actuar contra Arafat y su Autoridad Palestina de la misma manera que Estados Unidos trató a los gobernantes afganos del Talibán.

El presidente estadounidense, George W. Bush, lanzó ataques militares que ayudaron a derrocar al Talibán el año pasado, después que el movimiento se negó a entregar a Bin Laden, quien había recibido refugio en Afganistán. Cuando Arafat rechazó las demandas israelíes de entregar a los militantes acusados de asesinar al ministro israelí Rehavam Zeevi en octubre, Sharon usó el mismo razonamiento para justificar la primera de una serie de aplastantes ofensivas en Cisjordania.

Esa estrategia de línea dura culminó en junio con el llamamiento de Bush a que los palestinos remplazaran a Arafat con dirigentes "no comprometidos con el terrorismo", colocando a Washington abiertamente tras los esfuerzos de Sharon por aislar al presidente de la Autoridad Palestina.


Palestinos: Sharon se aprovechó del 11 de septiembre
La medida de Bush ha causado frustración entre los palestinos, que creen que ha dado a Sharon mano más libre para aplastar un levantamiento que tanto ellos como el mundo árabe consideran una resistencia legítima a la ocupación israelí.

Los palestinos acusan a Sharon de usar la guerra antiterrorista estadounidense como pretexto para reocupar grandes franjas de territorio palestino que Israel había cedido bajo los acuerdos de paz de la década de 1990 y bloquear sus sueños de declarar un estado. "Sharon sacó provecho del 11 de septiembre y el gobierno de Bush le ha seguido el juego", dijo el ministro palestino Saeb Erekat.

Pero incluso algunos funcionarios palestinos de alto rango admiten en privado que Arafat es en parte responsable de la situación en que se encuentra. Arafat aparentemente creyó que tras rechazar la adhesión de Bin Laden a la causa palestina podía convencer a Washington de que los palestinos eran víctimas de la agresión israelí y forzar el fin del conflicto bajo sus propios términos.

El líder palestino incluso hizo arreglos para que las cámaras de televisión lo filmaran donando sangre para los supervivientes del 11 de septiembre, con la esperanza de contrarrestar las imágenes de palestinos celebrando en Naplusa y distribuyendo caramelos en Jerusalén Oriental el día de los atentados. Arafat no sólo subestimó el respaldo estadounidense a Israel, sino que no logró entender hasta qué punto la opinión de Washington se había endurecido en su contra, tras una serie de atentados suicidas y la captura israelí de un cargamento de armas en enero, dijeron diplomáticos.

"Los palestinos no son víctimas del 11 de septiembre. Son víctimas de la inacción de sus dirigentes contra los terroristas entre ellos", dijo Raanan Gissin, un asesor de alto rango de Sharon. El analista político palestino Ali Jarbawi señaló que aunque Sharon pudo persuadir a Bush para que desairara a Arafat, el líder palestino sigue siendo un poder al que hay que tomar en cuenta.

"Israel y Estados Unidos no pueden hacer que Arafat desaparezca con un chasquido de los dedos", dijo. "Todo indica que seguirá siendo el hombre a cargo cuando llegue el momento de hablar de paz". Mientras tanto, dijo Jarbawi, el control militar de las ciudades cisjordanas, los "asesinatos" de militantes y las demoliciones de viviendas por parte de Israel sólo incitarán a más violencia, a medida que los palestinos comunes y corrientes se vuelvan más radicales.

Panorama sombrío
Muchos diplomáticos extranjeros comparten ese panorama sombrío y no ven fin a la vista al conflicto de 23 meses, en el que al menos 1.510 palestinos y 589 israelíes han muerto. Creen que las elecciones palestinas fijadas para enero y las reformas democráticas anunciadas apresuradamente a instancias de Bush no satisfarán las demandas estadounidenses e israelíes si, como se espera, Arafat permanece en el poder.

La desconfianza es tan profunda que hasta un acuerdo limitado dirigido a probar las aguas para una retirada gradual israelí de las áreas ocupadas ha quedado empantanado en medio de recriminaciones.
Una propuesta de paz israelí que obtuvo respaldo internacional previamente este año se ha desvanecido, y la mediación extranjera tiene pocas esperanzas de progreso.

Sharon dejó en claro los límites de la influencia estadounidense cuando desafió las demandas de Bush en la primavera pasada de que Israel se retirara de inmediato de las áreas palestinas, y Washington ahora parece menos dispuesto a involucrarse en el pantano del Oriente Medio. Pero tras deleitarse con el respaldo de la Casa Blanca a su estrategia post-11 de septiembre, Sharon podría estar comenzando a sentir parte de las repercusiones políticas. Las encuestas más recientes han mostrado un descenso de su tasa de aprobación, en medio de la decepción pública por los continuos ataques suicidas palestinos y su fracaso para articular una visión que ponga fin al conflicto.

EL COLOMBIANO | Reuters

 

 


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